UN CAFÉ CON… Marco Magoa, una mente inquieta a caballo entre dos mundos

Marco Magoa nació en Madrid, aunque transplantado a Gijón con su familia cuando era pequeño, tiene el alma asturiana; es actor, dramaturgo, guionista y director de teatro, que es su gran pasión. Estudiar árabe durante diez años le abrió unas puertas insospechadas y hoy vive a caballo entre España y Egipto,  su segunda patria, aunque es un poco ciudadano del mundo, especialmente del mundo árabe, que conoce bien por haber vivido en Jordania, Siria, Damasco, Egipto y Marruecos.

¿Cómo ha sido tu desarrollo profesional? Mi desarrollo profesional tiene varias fases: la primera comienza con ser actor, para lo que estudie arte dramático en Asturias y un año de drama en USA; con 26 años me vine a Madrid y trabaje con Tamayo  en el Teatro Clásico Nacional, en la Zarzuela, pero con 35 ó 36 quería crear algo y no quiero esperar a que me suene el teléfono así que coincidiendo con la crisis del 2010 decido irme a Egipto.

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo árabe? En el 2010 llego al Egipto de Mubarak y después de casi un año allí, me pongo en contacto con la embajada que me proponen hacer  Bodas de Sangre de Lorca…empezamos los ensayos en enero de 2011, coincidiendo con el principio de la revolución. Tuvimos que cancelar el montaje; la experiencia socialmente fue emotiva e interesante pero luego fue muy duro…. la revolución acabó de forma violenta. Mubarak cayó y parecía que había cierta esperanza pero al país le faltaba organización política después de tantos años de dictadura y la revolución estaba en riesgo…solo los Hermanos Musulmanes estaban organizados, pero no habían hecho la revolución.

¿Y de ahí  a tomar contacto con el mundo de la cooperación? Mi trabajo es verdadera cooperación. Llego con una idea y en el país hago el casting, me quedo a trabajar allí varias semanas, intento que todo el personal que participa  en la producción sea árabe. Viajo sólo y aunque tengo apoyos de cuantía pequeña, en estos países cunde mucho y busco colaboraciones con artistas locales, trabajando en tipo taller y, de esta forma se consiguen sacar proyectos, pero no es fácil y a veces resulta duro, apasionante pero complicado. La cultura es una forma de cooperación y el teatro es inherente al ser humano, gusta a todos con independencia de la cultura y la procedencia. En estos países la vida de la calle es una obra de teatro. Los egipcios son unos actores sensacionales; muy mediterráneos, pasionales. La Embajada Española siempre me ha apoyado mucho, lo mismo que la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID). A través de la cooperación he podido acceder al campo de refugiados en nombre de la AECID en Jordania. Y pude trabajar con ellos y que pudieran salir del campo para una representación. Fue muy emotivo porque para ellos el campo es como una cárcel, donde están encerrados desde hace tres años, vallados con alambre, necesitan permiso para entrar y salir.

¿Cómo ves el mundo árabe? El mundo árabe -que en realidad no es uno sólo-,   tiene  muchos puntos en común con España, especialmente egipcios, jordanos y sirios, tan parecidos a los andaluces: son  gente  abierta, amable, hospitalaria y positiva a los que les cuesta juzgar mal a los demás.  Pero creo que la identidad árabe se ha perdido. Los conflictos entre ellos mismos y con Occidente, con Israel… han dificultado la creación de una posible identidad común. El mundo árabe  no debe olvidar su vinculación con Europa a través del mundo griego, del mundo romano; el Mediterráneo es el punto que nos une; hoy por desgracia el Mediterráneo se ha convertido en una fosa común.

Si hablamos del mundo cultural árabe creo que está muy perdido y esto en gran parte tiene que ver con la religión, con las dictaduras. De las primaveras árabes ha quedado un antecedente, un atisbo de esperanza por otra realidad. Es como haber conocido el  beso del amor, ya bebes de ese beso y no te conformas con menos y la gente quiere justicia y libertad;  en lo profundo queda un residuo de la primavera árabe,  que se administra con mano de hierro, porque los políticos están asustados, dando lugar a detenciones y más de 4000 jóvenes desaparecidos. La cultura también puede ser un vehículo para el cambio y por eso se han cerrado teatros, por la ebullición de la cultura, por las reivindicaciones de las mujeres, en el terreno económico, sobre la corrupción.

¿Cuáles son los principales problemas que ves allí? He hecho allí montajes que hablan de acoso a la mujer, de las drogas, de la homosexualidad y las dictaduras… Los artistas aprendemos compartiendo; los de allí necesitan compartir, están paralizados…Los adolescentes y jóvenes entre 15 y 35 años están hirviendo, están deseando aprender, soñar; la mujer es el punto débil en el tema de igualdad están muy discriminadas en derechos, sueños y reivindicaciones. Cuando la mujer se manifestaba allí eran acosadas por grupos de hombres que a su vez habían luchado por la revolución. También puede haber una mala interpretación de la religión; viven en la frustración total, en que cualquier cosa  puede convertirse en pecado.

¿Qué has aprendido de ellos?  De los egipcios me sorprende su humildad, cuando trabajas  con ellos te responden aunque creo que no están preparados para soñar, para crear, para arriesgar porque han vivido en un sistema que no les permite nada de esto. Les cuesta el concepto abstracto,  surrealista y eso es una cuestión educacional. El mundo árabe me ha dado una oportunidad en el teatro, que en mi país no he tenido. En el mundo de la cultura se trabaja desde la emoción, que es donde todos estamos de acuerdo y coincidimos, en la risa, en los sueños, en el sufrimiento, ahí es donde conectamos todos. Que yo hable árabe me permite conectar y hablar con ellos; aquí estamos juntos para hablar, para trabajar, para soñar.

¿En qué estás trabajando? En los últimos años  he trabajado en una trilogía en árabe, basada en la ruta de los refugiados, que se desarrolla entre Jordania, Egipto y Dinamarca, abordando la partida del hogar, la travesía, para llegar a un país próspero. El monólogo “MARE NOSTRUM. FINIS SOMNIA VESTRA ” habla de inacción; en Europa nos hemos quedado paralizados frente a este drama humanitario de los refugiados y no sabemos cómo reaccionar. Lo estrené en Copenhague en enero de 2015; lo he representado en Jordania en el Teatro Real, en Túnez y lo voy a hacer en USA.

¿Cómo es  y cómo se siente Marco Magoa? Me gusta mucho viajar, los idiomas, tratar con jóvenes, mi tierra, Asturias, mi país pero no tengo el punto nacionalista de sentirme especial, porque cuando viajo, siento que todos somos especiales; Yo estoy a caballo entre España y el mundo árabe. No vivo realmente en ningún sitio, aunque no me importa que mi carrera se desarrolle fuera porque se aprende mucho, pero  a mis 44 años me duele decir que aquí no me abren puertas y uno necesita sentirse querido y que alguien te diga ”Marco esto que haces mola”. Pero también me siento un afortunado, un privilegiado por poder recorrer el camino de soñar a través del teatro; estoy viviendo un momento de crecimiento personal y aprendizaje a través de las distintas culturas, de mí mismo, del teatro, del conocimiento de autores

¿Qué valoras ahora mismo? Es importante valorar y ver que tu país está en paz, que es importante que las relaciones internacionales sean eficaces; hay que trascender lo económico, que parece que prima sobre lo humano y lo social. Parece que la avaricia de las sociedades capitalistas nos ha llevado al colapso y hay que seguir soñando con lo imposible, porque lo imposible es posible…